Corro mejor con esta canción. Salmo 103

By August 18, 2017Español

Todo atleta que ha hecho ejercicio por más de una semana, sabe que la emoción con la que empezó se disminuye exponencialmente. Todo corredor sabe que la motivación de las primeras tres millas se esfuma y se empieza a sentir el cansancio. Lo único que queda es ser disciplinado y esforzarte a hacer el ejercicio o a terminar la carrera. Muchos atletas recurren a listas de canciones, playlists, favoritas que los emocionen y los motiven a continuar y terminar su entrenamiento.  En la analogía que el Nuevo Testamento hace con respecto a la vida y al ministerio cristiano, lo compara con una maratón (Hechos 20:23-24,1 Corintios 9:23-25,2 Timoteo 4:7,Hebreos 12:1-3), podemos concluir que van a ver muchos desánimos y desilusiones.

Cuando llegan estos momentos en sus vidas o en la vida de alguien cercano, muchos cometen el error de volverse antropocéntricos (ver la vida como el ser humano como el eje de todo) o peor egocéntricos (verse a ellos mismos como el ombligo de todo). Resultando en una consejería en la cual quieren animar a alguien diciéndole que tan bueno es y que tan arduo trabaja y que todo le va a salir bien. Pero, me gustaría sugerir una mejor alternativa: el Salmo 103.

En este salmo David, el rey de la nación de Israel, en un formato poético, tiene una conversación consigo mismo instándose a bendecir a Dios. Un vistazo rápido a este Salmo nos revela que lo que David consideraba motivación para adorar a Dios no era que tan buena persona era el, sino quién Dios es, lo que El hace y lo que ha prometido hacer. David reconoce que Dios es el que nos perdonasana y rescata del pecado y nos premia con su bondad y su compasión (Vv. 1-5). ¡El evangelio esta explícito aquí! Y nosotros como creyentes neo-testamentarios podemos reconocer este lenguaje. Cristo tomo nuestro pecado y nos galardono con su justicia.

David recuerda el carácter de Dios: su justicia, compasión, clemencia y misericordia. A diferencia de todas las demás religiones, los Cristianos sabemos y adoramos a un Dios que no solo es Creador, sino que cuida, preserva y está altamente involucrado en su creación (Vv. 6-9). Él no nos abandonó en nuestro pecado y no nos paga conforme a nuestras malas obras porque sabe que somos débiles y se compadece de nosotros alejándonos de nuestro pecado (Vv. 10; 12-14). Para David esto es razón suficiente para bendecir a Dios.

David culmina este salmo recordando el reinado y dominio de Dios sobre toda su creación. Esto debería darnos ánimo a nosotros porque no existe nada fuera del control de Dios.  Aunque somos peregrinos en este mundo mientras esperamos la culminación de la nueva creación, ya somos ciudadanos del reino de Cristo.

Aunque ya somos una nueva creación, parte del “viejo Adán” todavía mora en nosotros. Por eso, aun luchamos y sufrimos por el pecado. Muchas veces es por nuestro pecado, otras veces es porque otros pecan contra nosotros, o simplemente, son las dificultades de la vida. Lo único que nos puede dar aliento y mantenernos firmes es el evangelio. Existe la noción que el evangelio es solo para los no creyentes, pero como vemos en este salmo, David necesito recordarse a sí mismo de las grandes bondades de Dios. Si las buenas noticias de lo que Dios ha hecho en nuestras vidas y en la vida de otros no es suficiente para darnos ánimo, será imposible que alguna otra cosa lo haga.  Cuando vengan momentos de desánimo, trae este salmo a tu memoria y predícate el evangelio a ti mismo y veras como el Señor rejuvenecerá tus fuerzas como las águilas y cantaras:
Si mi senda de paz inundada ya esté,

O cubierta de un mar de aflicción,

Mi suerte cualquiera que sea, diré:

¡Alcancé, alcancé salvación!

 

Ya venga la prueba o me tiente Satán,

No decrece mi fe ni mi amor;

Pues Cristo comprende mis luchas y afán

Y su sangre vertió en mi favor.

 

Feliz yo me siento al saber que Jesús,

Me libró de yugo opresor;

Quitó mi pecado, lo clavó en la cruz:

¡Gloria demos al buen Salvador!

 

Continúa corriendo la carrera.

 

Gracia y Paz,

Ramón Gahona