En la ciudad de Houston estamos acostumbrados a la variedad y diversidad. Con personas de tantas nacionalidades es de esperar que traigan sus culturas y comidas con ellos. No importa que comida se te antoje almorzar o cenar aquí en Houston témenos un restaurante que sirva ese platillo que se te antoja. Y casi así es todos los aspectos de nuestras vidas. Tenemos muchas opciones y desde pequeños nos acostumbramos a no ver el mundo en blanco y negro. Esperamos variedad. Desde la comida que comemos hasta las formas de entretenimiento.

En el Salmo 1 el salmista nos presenta un mundo muy diferente al cual estamos acostumbrados a ver. El describe el mundo solo en dos tipos de personas: El bienaventurado (o justo) y el impío.

El salmista nos dice la persona bienaventurada es aquel que no se deja llevar o influenciar gradualmente al estilo de vida del impío. La influencia de la cual el describe es una influencia gradual. Primero camina después a detenerse y al final es sentarse. Uno de mis escritores favoritos llamado C.S. Lewis en uno de sus libros dice, “De hecho, el camino más seguro hacia el Infierno es el gradual: la suave ladera, blanda bajo el pie, sin giros bruscos, sin mojones, sin señalizaciones.” Al decir esto, C.S. Lewis destruye la noción de que los PECADOTES son de la noche a la mañana o que de repente sorprenden a la persona. El pecado empieza por alguna influencia, llevando a la persona a detenerse y deleitarse en tal acto y resulta en descarar en tal estilo de vida.

“Existen dos tipos de persona”, explica C.S. Lewis, “las cuales le dicen a Dios, ‘que se haga tu voluntad, y a las cuales Dios le dice ‘Que se haga tu voluntad’”. El peor castigo que Dios le puede dar a un ser humano es de dejarlo a su propia prudencia y a su propia ley. El corazón del ser humano sin la intervención divina es siempre de hacer el mal y de ahí proviene todos los actos más atroces que hemos cometido (Gen. 6:5-8; 7:21; Mar. 7:14-23). Necesitamos la Ley de Dios para ser instruidos y guiados por el Espíritu Santo para vivir una vida feliz y completa El. Aunque somos justificados por la fe en la persona y obra de Jesús, la Ley nos enseña cómo debemos de vivir.

Este salmo también nos sirve como una descripción de Cristo, siendo el hombre bienaventurado que estando entre malvados nunca peco, cumplir la ley de Dios era su pan y su bebida y es a aquel que se sentara entre los justos e impíos como el Gran Juez. Concluye con la promesa de que el Señor conoce nuestros caminos y esto es porque el preparo de antemano (Efe. 2:10). Nuestro deber es conocer la voluntad de Dios, meditar y empezaremos a ver el mundo como Él lo ve y a dar fruto a su debido tiempo. Él nos dio a su Espíritu para aseguraros la victoria contra el pecado. Confiemos y deleitémonos en El.

 

-Ramon Gahona