Una Temporada de Deleite

By February 16, 2018Español
El Problema: Nuestro Pecado
Muy seguido me encuentro con cristianos que han sido convencido de que nuestra salvación se pierde al pecar. Todas las conversaciones son muy similares y, muy seguido, llegan a la conclusión de que la salvacion se pierde al pecar deliberadamente.
 
Al cual yo les pregunto,
“¿Alguna vez alguien ha te forzado a pecar?”
 
Y responden,
“No, nunca”
 
Después de este intercambio prosigo a explicarles que la naturaleza del Cristiano es de una guerra constante entre el “viejo Adán” y el “nuevo Adán”. El viejo Adán es la naturaleza pecaminosa que todavía mora en nosotros. Es la causante de todos los deseos y satisfacción al pecar. El nuevo Adán es la naturaleza el resultado de la obra del Espíritu Santo al darnos nueva vida. El crea el deseo y la habilidad de obedecer la Ley de Dios sinceramente y gozosamente.
 
Aunque no estén completamente de acuerdo con migo nunca podrán escapar que en la práctica ellos experimenta esto diariamente. Y todo cristiano que toma su pecado en serio y trata de ser fiel a Dios pronto llegará a la conclusión que el Apóstol Pablo llegó:
 ¡Miserable de mí! ¿Quién me libertará de este cuerpo de muerte?  
Gracias a Dios, por Jesucristo Señor nuestro.
Romanos 7:7-25
 
La Solución: Cristo
La temporada de Cuaresma ha sido tradicionalmente una temporada que los cristianos dejan de comer o hacer algo que consideran una distracción en preparación para Semana Santa (Pascua). Es común ver el abstenerse de cosas materiales como un método desantificación (apartarse/purificarse para Dios). Aunque en muchas circunstancias es recomendable alejarse de ciertas cosas el problema es de eso no garantiza la santificación. Es como ponerse una curita sobre una herida. La curita no sana la herida, solo la protege de infección.   
 
Nuestra santificación es efectuada por virtud de la muerte y resurrección de Cristo, por su Palabra y por el Espíritu Santo que hace todo esto possible (Confesion de Westminster, 13). En otras palabras, nuestra santificación no proviene de nosotros mismos. La fuente de nuestra santificación es externa, esa fuente es Dios.
 
Así como fue Dios el que creó el “nuevo Adán” el lo sostiene y lo nutre para que crezca. ¡Para que este “nuevo Adán” crezca necesita ser nutrido de Cristo! Cristo enseñó,
 
“Yo soy el pan vivo que descendió del cielo; si alguno come de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo también daré por la vida del mundo es mi carne….  En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del Hombre y bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el día final. Porque mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí y yo en él.”
Juan 6:51-58
 
La vida biológica que nosotros tenemos no provino de nosotros mismos, sino de nuestros padres y para preservarla necesitamos alimentos y agua (los cuales también son externos a nosotros). De una manera muy similar nosotros necesitamos ser alimentados de Cristo. Si somos constantemente expuestos a su Palabra y a la Santa Cena, el Espíritu Santo milagrosamente nos nutre de Cristo, resultando en nuestra santificación.
 
Atemorizando a un cristiano con la pérdida de su salvación nunca va a resultar en la santificación. absteniéndose de alguna práctica puede ser muy beneficioso pero recuerda que lo que realmente santifica no es el abstenerse sino el deleitarnos del Pan Vivo y Agua Viva que es Jesús.
 
Esta temporada de Cuaresma, come, bebe y deleitate grandemente en Jesús, el autor y perfeccionador de nuestra salvación. La lucha contra nuestro pecado empieza con una buena nutrición.
 
Al servicio de Cristo y su Iglesia,
Ramon Gahona